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Una doctrina para tiempos de crisis

La perseverancia de los santos, que trata sobre la seguridad de salvación, es una de las doctrinas centrales de la fe reformada.

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La perseverancia de los santos

Por Pablo A. Jiménez

Texto: Efesios 1.3-6

Idea central: La doctrina de la perseverancia de los santos es una expresión de confianza en el carácter de Dios.

Área: Formación espiritual

Propósito: Presentar la doctrina de la perseverancia de los santos como un llamado a la esperanza en Dios en tiempos de crisis.

Lógica: Inductiva

Diseño: Doctrinal 

¿A qué se dedica usted? ¿Cuál es su trabajo, su vocación o su ministerio? En mi caso, durante toda mi vida he estado dedicado al ministerio cristiano. He sido pastor, administrador y educador; y he trabajado con diversas denominaciones, instituciones cristianas y escuelas teológicas.

Cuando comienzo un curso, siempre trato de tomar un tiempo para presentarme y para conocer a mis estudiantes. En ocasiones, estos primeros encuentros producen situaciones interesantes. Por ejemplo, hace unos años, en la primera reunión de un curso virtual, un estudiante me preguntó qué denominación me había ordenado al ministerio. Le contesté, dándole el nombre de mi denominación: La Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en Puerto Rico. Sorprendido por mi respuesta, el estudiante continuó su interrogatorio, preguntando por el origen de mi denominación. Le dije que salimos del movimiento presbiteriano. Entonces, el estudiante me preguntó: “¿Esos son los ´salvo siempre salvo´?” 

Yo procedí a responderle al estudiante que Juan Calvino nunca dijo la frase “salvo siempre salvo” y que el nombre correcto de la doctrina a la que se refería era “la perseverancia de los santos”. Confundido, el estudiante dejó de preguntar. Sin embargo, era evidente que no tenía la más mínima idea del significado de mis palabras. 

Efesios 1 abre la primera parte de la carta, que presenta las enseñanzas teológicas principales, con una gran bendición dirigida a Dios. La carta se presenta como escrita por Pablo, “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios” (1.1), y más adelante el autor se identifica como “prisionero en el Señor” (4.1), dato que vincula Efesios con el grupo tradicionalmente conocido como las “cartas de la prisión”, junto con Filipenses, Colosenses y Filemón. 

Después del saludo inicial, la epístola pasa inmediatamente a la doxología: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (v. 3). El pasaje de Efesios 1.3-14 es famoso porque, en el griego del Nuevo Testamento, forma una sola oración larga y densamente construida. Varias traducciones modernas la dividen en varias oraciones para facilitar la lectura, pero la estructura original tiene el carácter de una alabanza continua, casi como una cascada teológica. En este sentido, Efesios 1.3-14 funciona como una gran bendición que estructura todo el pasaje, enumerando las bendiciones que Dios ha dado en Cristo.  

El v. 3 dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. El foco de esta oración es la bendición. El texto griego usa tres palabras de la misma familia: Εὐλογητὸς (Eulogētos, “bendito”), εὐλογήσας (eulogēsas, “habiendo bendecido”) y εὐλογίᾳ (eulogia, “bendición”). El efecto retórico es claro: la comunidad bendice a Dios porque Dios ya la ha bendecido primero.

“Con toda bendición espiritual”: En Efesios, lo “espiritual” se refiere a aquello que pertenece a la nueva era en la historia de la salvación inaugurada por la obra del Señor Jesucristo. La bendición describe la nueva realidad, es decir, la salvación por medio de la cual Dios incorpora a judíos y gentiles en un solo pueblo.

La expresión “en los lugares celestiales” traduce el griego ἐν τοῖς ἐπουρανίοις. En Efesios, esta frase aparece varias veces y se relaciona con el señorío de Cristo, quien ha resucitado y ha sido exaltado. La obra de Cristo le da una nueva posición a los creyentes y los capacita para lidiar con el conflicto cósmico contra los poderes espirituales. Esta expresión, dentro de Efesios, designa el ámbito del Señor resucitado y ascendido, así como la esfera en la que la vida cristiana se relaciona con realidades espirituales.  

La frase decisiva es ἐν Χριστῷ: “en Cristo”. En Efesios, la salvación no se entiende principalmente como una experiencia aislada del individuo, sino como incorporación a Cristo. Dios:

  • Bendice “en Cristo”, 
  • Escoge “en él”, 
  • Concede gracia “en el Amado”, 
  • Redime “en él” 
  • Y reúne todas las cosas “en Cristo”. 

Por lo tanto, la cristología es el centro organizador del pasaje.

El v. 4 afirma que Dios “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. El verbo griego es ἐξελέξατο (exelexato), una forma de de eklegomai, “escoger” o “elegir”. La elección ocurre ἐν αὐτῷ, “en él”, es decir, en Cristo. Esto es fundamental: Efesios presenta la elección como una realidad cristológica. Dios escoge a su pueblo por medio de la obra de Cristo.

La frase “antes de la fundación del mundo” sitúa la salvación dentro del propósito eterno de Dios. La redención es parte del designio eterno de Dios. Esto conecta con la afirmación del v. 10, donde se habla de una οἰκονομία (oikonomia), es decir, una administración, plan o disposición divina para la plenitud de los tiempos.

El propósito de la elección es tanto doctrinal como ético: “para que fuésemos santos y sin mancha”. El texto griego dice ἁγίους καὶ ἀμώμους (hagious kai amōmous). La “santidad” indica pertenencia a Dios; “sin mancha” evoca lenguaje sacrificial y de pureza. La elección no es una licencia para la arrogancia religiosa, sino un llamado a vivir como pueblo consagrado.

El v. 5 continúa diciendo: “en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”. La frase “en amor” puede conectarse con el final del v. 4 o con el inicio del v. 5. En ambos casos, el sentido teológico es coherente: la elección y la adopción nacen del amor de Dios.

El participio προορίσας (proorisas) significa “habiendo predestinado” o “habiendo determinado de antemano”. El destino señalado es la υἱοθεσία (huiothesia), el ser hecho hijos, es decir, la adopción filial. En el mundo grecorromano, la adopción otorgaba estatus, pertenencia familiar y derechos de herencia. Pablo usa ese lenguaje para afirmar que la salvación no se limita al perdón legal; implica ser incorporados a la familia de Dios.

Esta adopción ocurre “por medio de Jesucristo” y “según el puro afecto de su voluntad”. El griego habla del εὐδοκία (eudokia) de la voluntad divina: el beneplácito, agrado o propósito bondadoso de Dios. La iniciativa es divina de principio a fin.

El v. 6 revela la finalidad última: “para alabanza de la gloria de su gracia”. Esta es una de las afirmaciones teológicas centrales del pasaje. El plan de salvación tiene como fin la glorificación de Dios. La gracia que rescata al ser humano también revela la gloria del Dios que salva. Por eso, la epístola a los Efesios comienza adorando a Dios. Por lo tanto, la adoración es tanto el punto de partida como el de llegada de la teología. La teología que nace en el contexto de la adoración conduce a la doxología.

La expresión “en el Amado” traduce ἐν τῷ ἠγαπημένῳ (en tō ēgapēmenō). El Amado es Cristo. Dios concede su gracia en aquel que es objeto de su amor perfecto. La identidad del creyente, por tanto, depende de su unión con el Hijo amado.

En resumen

  1. Efesios 1.3-10 presenta una visión majestuosa de la salvación. Dios bendice al mundo por medio de Jesucristo. Antes de la creación, Dios escogió a su pueblo en Cristo para vivir en santidad. En amor, lo predestinó para adopción. Esta adopción no tiene como fin primario la exaltación humana, sino “la alabanza de la gloria de su gracia”. La humanidad goza de redención y perdón por la sangre de Cristo, no por mérito propio. Y esa gracia revela un misterio: el propósito de Dios es reunir todas las cosas en Cristo.
  2. El pasaje también ofrece una visión profundamente paulina de la iglesia. La comunidad cristiana existe porque ha sido bendecida, escogida, adoptada, redimida e incorporada al propósito eterno de Dios. La iglesia no es una asociación voluntaria de personas con intereses religiosos comunes; es el pueblo formado por la gracia de Dios en Cristo. Por eso, Efesios puede pasar más adelante de la doxología a la ética: quienes han sido bendecidos en Cristo deben vivir de manera digna de su llamamiento.
  3. Finalmente, Efesios 1.3-10 debe leerse como una invitación a la adoración. El pasaje no ofrece una teoría fría de la elección, la predestinación o la redención. Es una bendición litúrgica, una proclamación gozosa, una confesión de fe. Pablo —o la voz apostólica que la carta reclama desde 1.1— no comienza explicando lo que la iglesia debe hacer, sino anunciando lo que Dios ha hecho en Cristo. La respuesta adecuada es alabar, confiar y vivir en la historia como pueblo que sabe que el destino final de todas las cosas está en manos de Dios.

La doctrina de la perseverancia de los santos afirma la fidelidad de Dios. Esta doctrina central de la fe reformada afirma que quienes han sido verdaderamente unidos a Cristo por la gracia de Dios, llamados eficazmente por el Espíritu Santo, justificados y adoptados como hijos e hijas de Dios, no caerán total ni finalmente del estado de gracia, sino que serán guardados por Dios hasta el fin. Por lo tanto, la salvación descansa en la fidelidad del Dios que salva. 

Por eso, la Confesión de Fe de Westminster declara que quienes Dios ha aceptado en Cristo, llamado eficazmente y santificado por su Espíritu, “ciertamente perseverarán” hasta el fin y serán eternamente salvos.  

Esta doctrina enseña que Dios preserva a los suyos de tal manera que perseveran en la fe, aunque puedan experimentar luchas, caídas, dudas y temporadas de debilidad. 

La doctrina de la perseverancia de los santos se apoya en varios ejes bíblicos. 

  • Primero, descansa en la fidelidad del Padre, quien elige, llama y guarda. 
  • Segundo, descansa en la obra perfecta de Cristo, cuya muerte, resurrección e intercesión aseguran la salvación de su pueblo. 
  • Tercero, descansa en la presencia permanente del Espíritu Santo, quien sella, santifica, corrige y fortalece al creyente. 
  • Cuarto, descansa en el pacto de gracia, por medio del cual Dios promete ser fiel a su pueblo. 

Una vez más, la Confesión de Westminster afirma que esta perseverancia no depende del libre albedrío humano, sino del amor inmutable del Padre, del mérito y la intercesión de Cristo, de la permanencia del Espíritu y de la naturaleza del pacto de gracia.  

Un texto clave para comprender esta doctrina es Filipenses 1.6: “Estoy persuadido de que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (RVC).

Por lo tanto, la doctrina de la perseverancia de los santos es una expresión de confianza en el carácter de Dios.

Ahora bien, debe quedar claro que la perseverancia no cancela la responsabilidad humana. Dios llama a cada creyente a velar, orar, resistir la tentación, alejarse del pecado y crecer en santidad.

La perseverancia de los santos fue elaborada como una doctrina pastoral para sostener la fe de comunidades sometidas al conflicto, el temor, la ansiedad, la persecución y la muerte.

Las iglesias reformadas de Europa surgieron en medio de confrontaciones políticas, religiosas y sociales profundas. La reflexión teológica sobre la perseverancia de los santos surge en un mundo marcado por la experiencia de iglesias perseguidas, pastores ejecutados, comunidades cristianas reducidas al clandestinaje y creyentes obligados a escoger entre la fe de Jesucristo y la seguridad personal.

Por tanto, cuando las iglesias reformadas afirmaban que Dios preserva a los suyos:

  • Hablaban a creyentes que podían perder propiedades, familia, libertad y vida. 
  • Hablaban a comunidades que habían visto morir a sus pastores. 
  • Hablaban a personas que necesitaban saber si la gracia de Dios podía sostenerlas cuando los poderes del mundo parecían invencibles.

Vista desde esta perspectiva, la doctrina de la perseverancia de los santos nos llama a la resistencia y esperanza. 

En el pasado, le dijo a la iglesia perseguida: “Tu salvación no está en manos del magistrado, del inquisidor, del rey ni del verdugo. Está en manos de Dios”. 

  • Decía a quienes caminaban hacia el exilio: “Cristo no pierde a sus ovejas”. 
  • Decía a quienes lloraban a sus mártires: “La muerte no tiene la última palabra”. 
  • Decía a quienes estaban tentados a apostatar bajo presión: “El Espíritu intercede, sostiene, corrige y restaura”.

Cuando se comprende correctamente, la doctrina de la perseverancia de los santos produce humildad, destruyendo la autosuficiencia espiritual. Reconoce que, si la salvación dependiera finalmente de la naturaleza humana, nadie tendría esperanza. Por esta razón, es buena noticia para todos nosotros, que somos frágiles, estamos expuestos a la tentación y necesitamos la gracia divina.

Por todas estas razones, esta doctrina llama a la iglesia a practicar una pastoral de esperanza. 

  • Las personas que caen deben ser llamadas al arrepentimiento, pero no abandonadas a la desesperación. 
  • Las personas débiles deben ser fortalecidas, no aplastadas. 
  • Las personas perseguidas deben ser acompañadas con la promesa de que Dios termina lo que comienza. 
  • La perseverancia de los santos, correctamente entendida, anuncia que la gracia de Dios es suficiente para mantenernos firmes en el Amado.
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DrPabloJimenez.com da la bienvenida

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El Padre Nuestro y el Reino de Dios

Más allá del espectáculo, el Padre Nuestro, que se encuentra en Mateo 6, es la oración modelo legada por Jesucristo para anunciar el Reino de Dios.

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Este es un sermón expositivo sobre la oración modelo, conocida como el Padre Nuestro. Su idea central es que la oración es un ejercicio de “imaginación profética”, ya que se basa en la convicción de que Dios puede transformar la realidad humana para que se ajuste a los valores de su Reino. El sermón se organiza según el método CREAR: conectar, relacionar, explicar, aplicar y responder.

El punto de partida del sermón es una crítica a la “sociedad del espectáculo”, donde incluso la espiritualidad puede convertirse en la búsqueda de fama, poder y dinero. El sermón denuncia particularmente la mezcla manipuladora de política y religión, pues puede llevar a líderes religiosos a comprometer los valores cristianos para agradar a figuras de poder.

Desde Mateo 6, explica que Jesús rechaza dos modelos falsos de oración: la oración pública de los hipócritas, orientada a ganar prestigio, y la oración repetitiva de los paganos, entendida como intento de manipular a la divinidad. Frente a estos modelos, Jesús propone el Padre Nuestro como patrón de oración auténtica.

El sermón destaca el orden correcto de la oración: comienza con alabanza, pide la manifestación del Reino, presenta las necesidades esenciales, confiesa el pecado, practica el perdón con justicia y persevera en la adoración.

Finalmente, afirma que la oración cristiana es contra-cultural y subversiva, porque proclama que el verdadero poder no reside en las instituciones humanas, sino en Dios revelado en Jesucristo. Por eso, llama a cultivar hábitos saludables de oración, centrados en la alabanza, la intercesión y el crecimiento en la fe.

El Padre Nuestro
Padre nuestro
Cómo orar
Explicación del Padre Nuestro
La oración que tiene poder
La oración modelo
La oración y el reino de Dios
Más allá del espectáculo
Las peticiones del Padre Nuestro
El mensaje oculto del Padre Nuestro
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Un reino diferente – Discipulado 4

El Reino de Dios es el foco del discipulado y de la predicación de Jesús de Nazaret, como muestra la parábola de la Perla de Gran Precio.

Jesús comparó el Reino de los cielos con un mercader que buscaba buenas perlas. Un día encontró una perla de valor incomparable y, al reconocer su grandeza, vendió todo lo que tenía para comprarla.

Esta parábola nos recuerda una verdad poderosa: cuando descubrimos el Reino de Dios, encontramos algo que vale más que todo lo que el mundo puede ofrecer. Más que el éxito, más que la seguridad económica, más que el prestigio y más que los placeres pasajeros, el Reino de Dios es la perla preciosa que transforma nuestra vida.

Por medio de la fe, los creyentes y las creyentes pasamos a formar parte de ese Reino. Pero la fe no es solo creer con la mente; es responder con todo el corazón. Es reordenar nuestras prioridades, cambiar nuestra manera de vivir y seguir a Jesús con decisión.

El mercader de la parábola no compró la perla para revenderla. La compró porque había encontrado aquello que daba sentido a su búsqueda. Así también, cuando encontramos a Cristo, nuestra vida ya no puede seguir igual. Cambian nuestras motivaciones, nuestras decisiones y nuestra forma de relacionarnos con los demás.

El Reino de Dios es una realidad presente que nos llama a vivir con amor, justicia, misericordia, paz y esperanza. No se impone por la fuerza; se anuncia con palabras, se demuestra con acciones y se construye con servicio humilde.

Hoy, la pregunta sigue vigente: ¿qué estamos dispuestos a dejar para abrazar lo que verdaderamente tiene valor?

La perla está delante de nosotros. El Reino se ha acercado. Jesús nos invita a vivir una vida nueva, plena y libre.

🌿 Busca primero el Reino de Dios. Todo lo demás vendrá por añadidura.

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El silencio de Cristo – Fe versus celebridad

El silencio de Cristo es una prédica sobre Lucas 23.9, que trata sobre la confrontación entre la fe verdadera y el entretenimiento religioso.

Vivimos en una época donde la fe corre el riesgo de convertirse en espectáculo. En medio de la cultura del clic, de la viralidad y de la búsqueda constante de atención, muchas personas han confundido el Evangelio con el entretenimiento religioso. Pero Jesucristo no vino a divertir multitudes ni a satisfacer curiosidades superficiales. Vino a revelar la verdad del Reino de Dios, a confrontar el pecado, a ofrecer salvación y a transformar la vida humana desde lo más profundo.

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En este nuevo video, reflexiono sobre “El silencio de Cristo” y la diferencia radical entre la fe bíblica y el entretenimiento religioso. A partir de episodios bíblicos, experiencias pastorales y una lectura crítica de nuestra cultura contemporánea, analizo cómo la “espectacularización” de la religión ha distorsionado la predicación cristiana, convirtiendo a ciertos líderes en figuras mediáticas que buscan fama, influencia y monetización, en lugar de mostrar fidelidad al mensaje de Jesús.

El video también examina un punto crucial: el silencio de Jesús ante Herodes en Lucas 23.9. Herodes deseaba ver una señal, un truco, un acto que alimentara su curiosidad. Pero Cristo no respondió. Ese silencio es profundamente revelador. Jesús se negó a participar en el juego del espectáculo. Se negó a convertirse en objeto de entretenimiento para el poder. Ese mismo silencio sigue hablándonos hoy, cuando tantas personas buscan una religión que impresione, pero no necesariamente una fe que transforme.

Además, este mensaje denuncia el uso irresponsable de supuestas “palabras de ciencia” o “palabras de sabiduría” que, en muchos casos, no son más que ambigüedades diseñadas para manipular a personas vulnerables. Frente a eso, afirmamos una verdad central: el discipulado cristiano es una relación gratuita con Dios por medio de Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo. No se compra, no se vende, no depende de celebridades religiosas y no necesita intermediarios.

Le invito a ver este video, reflexionar en oración y compartirlo con otras personas. Ha llegado el momento de dejar de buscar el próximo evento viral y comenzar a buscar, con seriedad y humildad, al Cristo que camina con nosotros en lo cotidiano.

El silencio de Cristo
Semana Santa
resurrección
Cultura de la celebridad
Lucas 23
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La predicación, puente entre dos mundos – John R.W. Stott

Esta publicación presenta un resumen detallado del libro La predicación: Puente entre dos mundos, escrito por John R.W. Stott.

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En La predicación: puente entre dos mundos, John R.W. Stott desarrolla una profunda reflexión teológica, histórica y pastoral sobre la naturaleza, la necesidad y la práctica de la predicación cristiana. La tesis central del libro sostiene que la predicación auténtica es un acto de mediación, un puente vivo entre el mundo bíblico y el mundo contemporáneo, entre la revelación divina y la experiencia humana actual. Para Stott, predicar no es un ejercicio retórico ni una mera transmisión de ideas religiosas, sino un acto responsable de comunicación del mensaje de Dios a personas concretas en contextos específicos.

Este libro fue publicado originalmente en inglés bajo el título Between Two Worlds: The Art of Preaching in the Twentieth Century (Gand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1982). De manera profética, Stott anticipa muchas de las tendencias y cambios que la postmodernidad ha traído tanto al mundo de la predicación, como a la vida de la iglesia. Debemos apreciar su contribución, que sigue siendo pertinente para toda personas interesada en el arte cristiano de la predicación.

John R.W. Stott inicia con un recorrido histórico que afirma la centralidad de la predicación en la historia del cristianismo. Desde Jesús como predicador del Reino de Dios, pasando por los apóstoles, los padres de la Iglesia, los reformadores, los puritanos y los grandes predicadores de los siglos XIX y XX, el autor demuestra que la predicación ha sido un medio privilegiado de la acción de Dios en la Iglesia. Este repaso no es meramente nostálgico, sino que busca recuperar la “gloria” del ministerio de la predicación frente a su desprestigio contemporáneo.

El autor analiza críticamente las principales objeciones modernas al sermón: el rechazo a la autoridad, la influencia de los medios audiovisuales, los cambios en los procesos de aprendizaje y la pérdida de confianza de la Iglesia en el evangelio. Stott reconoce la legitimidad de algunas críticas, pero rechaza la idea de que la predicación sea obsoleta. Propone una respuesta cristiana que distinga entre autoritarismo y autoridad legítima, y que recupere la predicación como servicio humilde a la verdad revelada.

Aquí John R.W. Stott establece las convicciones teológicas que sostienen la predicación: una doctrina clara de Dios que habla de las Escrituras como Palabra revelada, de la Iglesia como comunidad oyente y del ministerio pastoral como vocación. La predicación se fundamenta en la iniciativa divina: Dios ha hablado y sigue hablando, y el predicador es testigo y servidor de esa Palabra, no su dueño.

Antes de desarrollar el concepto de la predicación como puente de comunicación, me parece necesario describirlo…para evitar malentendidos. …si bien he hablado de un abismo sin puentes entre los mundos bíblicos y moderno, reconozco que en efecto ha habido una larga sucesión de constructores de puentes; que en toda la historia de la iglesia, los cristianos han tratado de relacionar el mensaje bíblico con su cultura, en particular, y que cada nueva generación ha proseguido con el trabajo de sus predecesores. Por lo tanto, ha habido mayor continuidad en la construcción de puentes que la que indicaría mi analogía. En ocasiones, en lugar de construir un nuevo puente, la nueva generación en realidad adapta y reconstruye uno antiguo y agrega un tramo por aquí y reemplaza una viga por allá. No obstante, el mundo cambia tan rápido hoy que cada nueva generación siente el desafío de la amplitud de abismo y de la necesidad de construir un nuevo puente. 

Stott, La predicación: Puente entre dos mundos, p. 133.

Este capítulo constituye el corazón del libro. Stott afirma que el predicador debe habitar dos mundos: el bíblico y el contemporáneo. Predicar implica comprender el texto bíblico con rigor exegético y, al mismo tiempo, comprender la cultura, los problemas y las preguntas del presente. El sermón fiel es aquel que se apoya con igual firmeza en ambos extremos del puente.

El autor subraya la disciplina intelectual y espiritual del predicador. El estudio bíblico, la lectura del mundo moderno y los hábitos de reflexión son indispensables. La preparación del sermón incluye la selección del texto, la identificación de la idea central, la organización del material y la oración, integrando mente y espíritu.

Finalmente, Stott aborda las cualidades personales del predicador: sinceridad, seriedad, valor y humildad. La autoridad del sermón no proviene de la personalidad del predicador, sino de la fidelidad a la Palabra de Dios y de una vida coherente bajo el señorío de Cristo.

By BlueMoses at en.wikipedia, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=17240589

En conjunto, La predicación: puente entre dos mundos es una obra clásica de la homilética contemporánea que combina profundidad teológica, sensibilidad pastoral y compromiso con la misión de la Iglesia. Su aporte principal es recordar que la predicación sigue siendo esencial cuando es bíblica, contextual, humilde y fiel al Dios que habla.

Un llamado diferente – Discipulado 3

Un llamado diferente es un sermón sobre el discipulado cristiano, parte de una serie sobre el tema escrita por el Dr. Pablo A. Jiménez.

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El discipulado cristiano comienza con un llamado. Esa es la verdad central que exploramos en este nuevo video basado en Mateo 4.18–22, donde Jesús se acerca a Simón Pedro, Andrés, Santiago y Juan mientras realizaban su trabajo cotidiano, y les dice: “Vengan, síganme”.

Este pasaje nos recuerda que Jesús no llama únicamente en momentos extraordinarios ni en espacios solemnes. Jesús llama en medio de la vida diaria, junto a las redes, las barcas y las responsabilidades de cada día. Llama a personas comunes, trabajadoras, imperfectas, pero dispuestas a responder con fe.

En este tercer estudio sobre la esencia del discipulado cristiano, reflexionamos sobre cómo el llamado de Jesús es un llamado diferente. Invita al arrepentimiento, a la conversión y a una vida transformada por el Reino de Dios. Seguir a Cristo implica dejar atrás aquello que nos ata, soltar nuestras “redes” y caminar en obediencia, fe y compromiso.

Además, este sermón subraya que el discipulado es un estilo de vida. Es pensar, amar y actuar como Jesús. Es vivir con humildad, servir con generosidad y participar activamente en la misión de Dios en el mundo.

El sermón también destaca la dimensión comunitaria del discipulado. Jesús llamó a una comunidad de seguidores, no a personas aisladas. La fe se fortalece en comunidad, donde aprendemos, servimos, oramos y damos testimonio juntos.

Te invito a escuchar este sermón y a reflexionar sobre una pregunta esencial: ¿Qué redes necesitas dejar para seguir al Maestro con fidelidad? Jesús sigue llamando hoy. La pregunta es si responderemos con prontitud, valentía y fe.

Discipulado
Discipulado cristiano
Mateo 4
Seguir a Jesús
Llamado de Jesús
arrepentimiento y conversión
Un llamado diferente
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Un mensaje diferente – Discipulado 2

Un mensaje diferente es una enseñanza sobre el discipulado cristiano, parte de una serie sobre el tema, por el Dr. Pablo A. Jiménez.

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Marcos 1.14–15 presenta el inicio del ministerio público de Jesús con una declaración que resume el núcleo de su mensaje: “Se ha cumplido el tiempo… El reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas noticias!”. Según este texto, Jesús predicaba un mensaje diferente, centrado en la proclamación del evangelio del Reino de Dios.

Después del encarcelamiento de Juan el Bautista, Jesús comienza su misión en Galilea, una región periférica y marginada, no en Jerusalén, centro del poder religioso. Este detalle subraya el carácter contracultural de su obra. Su anuncio afirma que Dios actúa en la historia y que su intervención es concreta y cercana. El “tiempo cumplido” indica que la promesa divina alcanza un momento decisivo; el Reino no es una idea abstracta, sino la presencia activa de Dios transformando la realidad.

El término “evangelio” (euangelion) significaba originalmente “buena noticia”, usado en el Imperio Romano para celebrar eventos del poder imperial. Jesús redefine el concepto: la verdadera buena noticia no exalta al César, sino que proclama la soberanía de Dios. El Reino anunciado por Jesús no es un territorio físico, sino un orden nuevo basado en justicia, misericordia, paz y amor. Por ello, el discipulado cristiano implica adoptar los valores del Reino y rechazar los “antivalores” y los “disvalores” que dominan las estructuras humanas.

Marcos destaca tres verbos esenciales que estructuran la respuesta al mensaje: predicar, arrepentirse y creer. Jesús predica públicamente, llevando su mensaje a la vida cotidiana. El arrepentimiento (metanoia) implica un cambio profundo de mente y conducta, una transformación integral como respuesta al amor divino. Creer no es mera aceptación intelectual, sino confianza activa y compromiso total con la realidad del Reino.

El llamado a los primeros discípulos y las acciones liberadoras de Jesús —sanidades y expulsión de demonios— muestran que el Reino produce efectos concretos: restauración, liberación e inclusión. Así, el discipulado no es evasión espiritual, sino participación activa en la misión transformadora de Dios. En conclusión, el mensaje de Jesús es diferente porque anuncia un Reino presente y dinámico que invita a una decisión radical. Es una buena noticia que transforma vidas y redefine la historia.

Marcos 1:14-15 explicación
Evangelio del Reino de Dios
Discipulado cristiano
Mensaje de Jesús sobre el Reino
Arrepentimiento y fe cristiana
Un mensaje diferente
Vea otros escritos sobre la educación cristiana.

Un Maestro Diferente – Discipulado 1

Un maestro diferente es la primera de toda una serie de presentaciones sobre el discipulado cristiano, basada en el final del Sermón de la Montaña en Mateo 7.

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Esta prédica cristiana reflexiona sobre Mateo 7.28–29, texto que concluye el Sermón del Monte afirmando que las multitudes se asombraban de Jesús porque enseñaba “como quien tiene autoridad”. A partir de esta declaración, presenta a Jesús de Nazaret como un maestro diferente, cuya singularidad no radica solo en el contenido de su enseñanza, sino en la fuente y el poder transformador de su poder. Su autoridad o “exousía” no era impuesta, sino reconocida, pues brotaba de su comunión con Dios y de su fidelidad al Reino.

En contraste con los escribas y fariseos del primer siglo, cuya enseñanza se había vuelto rutinaria y distante de la experiencia del pueblo, Jesús hablaba desde la coherencia entre palabra y acción. Su vida respaldaba su mensaje. Por eso su enseñanza no era meramente informativa, sino profundamente existencial y pastoral: comunicaba vida y provocaba transformación.

El texto identifica tres elementos fundamentales del discipulado cristiano. Primero, la admiración ante su enseñanza: el asombro inicial que conmueve el corazón y abre la puerta a la conversión. Segundo, la autoridad de su voz: los creyentes no siguen un sistema doctrinal abstracto, sino a una persona viva, cuya palabra es norma de fe y conducta. Tercero, el llamado a la práctica: escuchar sin obedecer es edificar sobre arena; el verdadero discipulado implica acción, compromiso con la justicia y fidelidad concreta al evangelio.

Finalmente, la prédica subraya que el discipulado es comunitario. Jesús formó una comunidad llamada a vivir los valores del Reino: justicia, paz, solidaridad y amor. Seguir al Maestro diferente implica asumir su estilo de vida y participar en la construcción de una nueva humanidad bajo el señorío de Cristo.

Un maestro diferente
El Sermón del Monte
Discipulado cristiano 
Mateo 7
Formación espiritual
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Después de Bad Bunny, qué debe hacer la iglesia

Después de Bad Bunny, ¿Qué debe hacer la iglesia? es un ensayo sobre la revitalización de la iglesia escrito por el Dr. Pablo A. Jiménez.

Después del discutido espectáculo que presentó Benito Antonio Martínez Ocasio—mejor conocido como “Bad Bunny”—el domingo 8 de febrero de 2026 en el medio tiempo o descanso del Super Bowl LX, ¿qué debe hacer la iglesia? 

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Por varias semanas las redes sociales se vieron congestionadas por comentarios a favor o en contra del artista y de su espectáculo. Muchos de esos comentarios fueron colocados en las redes por personas cristianas: agentes pastorales, líderes congregacionales y feligreses, en general. Ahora que ha pasado el espectáculo, ¿qué debe hacer la iglesia?

Imagino que muchas personas creyentes continuarán enfrascadas en las batallas culturales, en general, y en la denuncia de las letras de la música urbana, en particular. Si van a invertir su tiempo en esas tareas, les indico que hay muchos otros artistas e “influencers” que publican líricas objetables en sus canciones, muchas de ellas mucho más fuertes que las de Martínez Ocasio. Pueden comenzar con Annuel AA, seguir con Karol G (quien tiene canciones muy subidas de tono a pesar de su actual “look” inocente) y terminar con Young Miko. De ahí pueden seguir examinando otras líricas sexualmente explícitas, como las de Tokisha, o analizar el subgénero del “maleanteo”, donde se destacó el difunto Pacho, que en paz descanse. 

Creo que otras personas tornarán su mirada a temas políticos, como los archivos de Epstein, que contienen una larga lista de hombres adinerados que, ayudados por algunas mujeres, se dedicaron a la trata humana, la explotación de chicas adolescentes y la promoción de la perversión sexual, en general. Esos pervertidos ya tendrán su recompensa: “Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo para que cada uno reciba lo que le corresponda, según lo bueno o malo que haya hecho mientras vivió en el cuerpo” (2 Co 5.10 NVI). 

Ahora bien, les ruego que me permitan hacer una recomendación. En lugar de desgastarnos en batallas culturales y en debates políticos interminables, tornemos nuestra mirada a las ordenanzas y mandamientos que nos dejó nuestro Señor Jesús. En particular, quiero resaltar dos pasajes bíblicos del Evangelio según San Mateo: la parábola del Juicio a las Naciones (Mt 25.31-46) y las palabras finales de Jesucristo resucitado, pasaje apodado “La Gran Comisión” (Mt 28.16-20).

La parábola del Juicio a las Naciones presenta los criterios que el Hijo del Hombre utilizará para juzgar al mundo: dar alimento al hambriento, agua al sediento, hospitalidad al forastero, vestimenta al desnudo, cuidado pastoral al enfermo y atención a las personas encarceladas (Mt 25.35-36 y 42-43). Si unimos los primeros dos, dar alimento y agua a las personas hambrientas y sedientas, obtenemos cinco criterios normativos.

Al leer la parábola, nótese que tanto las personas que se salvan como las que se condenan le preguntan al Juez Celestial cuándo hicieron o dejaron de hacer estas cosas (vv. 38-39 y 42-43). Es decir, ninguno de los dos grupos cumplió o rechazó los criterios usados por Jesús de manera consciente; dicho de otro modo, se salvaron o se condenaron “sin darse cuenta”. La respuesta de Jesús a ambos reclamos es contundente: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí” (Mt 25.40 NVI, véase el paralelo en el v. 45).

Yo creo que la iglesia debe prestar más atención a estos cinco criterios. ¿Por qué? Porque yo soy un viejo profesor que muchas veces le he dicho a mis estudiantes que incluiré tal o cual pregunta en el examen final. Por lo regular, quienes prestan atención estudian los temas señalados y obtienen buenas calificaciones. Empero, quienes no prestan atención a mis palabras tienden a fracasar en el curso.

Desde este punto de vista, creo que Jesús de Nazaret nos dio cinco preguntas clave que incluirá en el “examen final” de nuestras vidas. Se supone que las personas de fe sincera cumplan los criterios de manera orgánica, sin darse cuenta de que se han convertido en parte integral de su vida cotidiana. Repito, el creyente que menosprecia los cinco criterios estipulados por Jesús en la parábola del Juicio a las Naciones pone en peligro su salvación.

El segundo pasaje es tan conocido que la mayor parte de ustedes conocen, por lo menos, algunas de sus partes de memoria. 

Desde mi punto de vista, entiendo que las instrucciones finales de Jesús en Mateo 28.16-20 contienen órdenes que la Iglesia debe seguir hoy: discipular nuevos creyentes de todos los pueblos de la tierra, bautizar a las personas discipuladas, y enseñarles a seguir los mandamientos de Jesús. Dicho de otro modo, por medio de “La Gran Comisión”, Jesús invita a la iglesia a participar en el plan de salvación de Dios para el mundo. Esta es una misión “global” que trasciende barreras étnicas, lingüísticas y culturales. Es un llamado a ser “embajadores en nombre de Cristo” que proclamen el “mensaje de la reconciliación” (2 Co 5.20 NVI).

Basado en estos dos pasajes bíblicos, me aventuro a sugerirles diez tareas que bien pueden orientar y hasta reorientar nuestro ministerio pastoral.

  1. Reviva el tema de la evangelización en su iglesia local. Recalque la tarea misionera de la Iglesia en predicación, en sus estudios bíblicos y en la escuela bíblica dominical. Cada miembro de su iglesia local debe comprender que Dios desea que toda persona tenga la oportunidad de escuchar el mensaje del evangelio, confesar a Jesucristo como Señor y entrar en el proceso de formación y crecimiento espiritual que llamamos “discipulado cristiano”. Por esta razón, su iglesia local debe recibir con entusiasmo y amor a toda persona que se acerque buscando una experiencia espiritual transformadora con Dios.
  2. Reciba con amor a quienes visitan su iglesia por primera vez. Su iglesia local debe tener un grupo de líderes que reciban a todas las personas que asisten regularmente a sus oportunidades de adoración. Sin embargo, deben prestar particular atención a quienes asisten a su iglesia por primera vez. La iglesia debe tener material informativo listo para distribuir a las personas visitantes. Por ejemplo, debe tener un folleto que detalle el programa de la iglesia, el horario de la oficina y los números telefónicos y correos electrónicos de contacto. También debe distribuir porciones bíblicas, tales como tratados con textos bíblicos, libros de la Biblia (como el evangelio de Juan), o copias gratuitas del Nuevo Testamento. Otra buena opción sería regalarle a cada visitante un USB con copias electrónicas de los folletos informativos y con una prédica o estudio bíblico en audio o vídeo.
  3. Predique sermones evangelísticos regularmente. Sugerimos que dedique todo un mes de cada año al tema de la evangelización. Durante los restantes once meses, debe predicar al menos un sermón enfocado en la evangelización. Es decir, sugerimos que predique un mínimo de quince sermones evangelísticos al año. Recuerde que un buen sermón evangelístico se expresa en lenguaje sencillo, no en “jerga evangélica”, ya que se dirige a personas que ni han leído la Biblia ni conocen la cultura de las iglesias protestantes, evangélicas o pentecostales. Repito: predique partiendo de la premisa de que las personas que le escuchan hoy nunca antes han escuchado el mensaje del evangelio. De esta manera, su sermón será tan sencillo que toda persona que preste atención podrá comprenderlo bien.
  4. Oriente a todas las personas que respondan a los llamados al altar. Es común terminar los sermones con un tiempo de oración donde se invita a las personas que han sido conmovidas por la prédica a pasar al altar. Lamentablemente, la inmensa mayoría de las congregaciones cristianas no aprovechan estas oportunidades para confirmar las experiencias de fe. ¿Cómo remediar esta situación? Sugerimos que reclute y adiestre a un grupo de miembros de su iglesia local interesados en orientar a nuevos creyentes. Estas personas deben acercarse a quienes pidan la oración y preguntarles si ya son creyentes. Si no lo son, deben invitarles a confesar a Jesucristo como Señor y Salvador por medio de la oración de fe. Quienes hagan esa oración deben pasar a un salón u oficina para recibir una orientación por miembros del grupo de evangelización. Si sus recursos lo permiten, regálale a cada nuevo creyente una Biblia que pueda atesorar como un recuerdo del día de su conversión.
  5. Ofrezca clases para nuevos creyentes y candidatos al bautismo. Invite a los nuevos creyentes a tomar las clases básicas de discipulado cristiano. Como parte del plan de estudio del curso, debe explicar el plan de salvación, lo que implica ser miembro de una iglesia cristiana y el significado de las ordenanzas o sacramentos. El curso debe preparar a los nuevos creyentes para ser bautizados.
  6. Organice un banco de alimentos. En obediencia a Mateo 25.31-46, sugerimos que organice un banco de alimentos para proveer sustento a las personas necesitadas. Puede recaudar una ofrenda especial una vez al mes para apoyar este esfuerzo, solicitando a cada familia de la Iglesia que done alimentos no perecederos o dinero. Además, puede entrar en acuerdos de colaboración con bancos de comida establecidos por el gobierno o por organizaciones no gubernamentales, pues estas organizaciones casi siempre están dispuestas a proveer alimentos a instituciones religiosas.
  7. Organice un banco de ropa. Mateo 25 también exhorta a la Iglesia a proveer vestimenta a las personas necesitadas. Su iglesia puede recoger ropa, zapatos y otros artículos del hogar para distribuirlos posteriormente. Nótese que este tipo de proyectos requiere mucho trabajo y, por lo tanto, necesita que un grupo de personas voluntarias lo desempeñe como un ministerio. La ropa recibida debe ser debidamente clasificada. La iglesia debe apartar un lugar donde colocar los artículos y tener un horario específico para recibir a las personas visitantes. Los artículos deben ser donados, no vendidos. Tome en consideración que tendrá que descartar parte de la ropa donada, pues algunas personas tienden a aportar artículos rotos o inservibles. Del mismo modo, cuídese de los acaparadores que desean llevarse la mayor cantidad de artículos posibles para revenderlos después. 
  8. Recalque la visita a personas enfermas. En la parábola del juicio a las naciones también se recalca la importancia de visitar a las personas enfermas. Su iglesia local debe tener un ministerio donde personas debidamente adiestradas visiten regularmente a quienes están enfermos. Este es un ministerio muy completo, dado que la enfermedad tiene muchas variables: hay enfermedad pasajera y enfermedad crónica; hay personas que convalecen en sus hogares, mientras otras están en hospitales; y hay personas enfermas que son miembros de la iglesia, mientras otras forman parte de la comunidad que rodea a la Iglesia. Sea cual sea la situación, el ministerio de visita a enfermos debe estar preparado para ministrar con amor.
  9. Desarrolle ministerios carcelarios. Son muchos los pasajes bíblicos que recalcan la importancia de los ministerios carcelarios. Al igual que los anteriores, el desarrollo de ministerios carcelarios es complejo. Algo que aumenta el grado de dificultad es que las personas que sirven en la capellanía voluntaria deben ser debidamente reconocidas por las autoridades. Por lo tanto, es posible que deban tomar algún curso y entregar alguna documentación para obtener los permisos requeridos. Del mismo modo, las visitas a las cárceles deben ser coordinadas con la administración de cada institución penal.
  10. Provea servicios pastorales a personas extranjeras. ¿Qué está haciendo su iglesia local para cumplir activamente con el mandato de recibir al “forastero” (Mt 25.35)? Quizás la instrucción menos obedecida Jesús sea la de bendecir a las personas extranjeras. No obstante, esta enseñanza está presente en toda la Biblia. Desde los relatos del Éxodo, que recalcan la importancia de mostrar misericordia a los huérfanos y a las viudas (Éx 22.22), hasta Apocalipsis 7.9-10, donde creyentes de toda tribu, lengua y nación alaban al Cordero, la Palabra de Dios recalca el alcance global de la fe cristiana. 

Imagino que algunos criticarán mis palabras, argumentando que lo que pongo sobre la mesa como agenda para el futuro no es más que una reiteración de la misión de Dios, en la cual la iglesia debe participar activamente. Les concedo el punto. ¡Tienen toda la razón! Después de la presentación de Bad Bunny, la iglesia debe enfocarse en lo que debió estar haciendo antes y durante el espectáculo presentado en el Super Bowl LX: adorar a Dios, proclamar el evangelio y hacer nuevos discípulos, bautizándoles y formándoles en la fe de Jesucristo.

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